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RESUMEN

La personalidad ha sido considerada como un elemento clave para explicar el surgimiento de los emprendedores, entendidos, como las personas que crean una idea, la desarrollan y la ponen en marcha, generando un cambio en el entorno en el que se encuentran.

El propósito de este documento, es el de identificar el tipo de relación existente entre la personalidad y el emprendedor,  en el marco de rasgos como la voluntad para asumir riesgos, la confianza en sí mismo, la apertura al cambio y el optimismo. Se pretende determinar si estos rasgos de personalidad  pueden explicar en sí mismos, el perfil de los emprendedores.

También se busca validar si hay diferencias en la manera como se presentan los rasgos de personalidad entre emprendedores con producciones exitosas y comprobadas, versus emprendedores potenciales, que todavía no han puesto en marcha su idea.

MARCO TEÓRICO

El emprendedor es la persona que convierte una idea innovadora en un bien económico, que genera valor para los demás (Santoro, 2012) o que se sale del contexto habitual y hace cosas distintas para mejorar lo existente (Alcaraz, 2011).

Una constante teórica, es la de reconocer que la personalidad  de un emprendedor, está constituida por ciertos rasgos que lo diferencian. McCrae y Costa (1995) definen el rasgo de personalidad como una tendencia biológica, subyacente del individuo, que es la causa de un patrón de pensamientos, sentimientos y acciones constantes. No obstante, Cramer et al (2012), consideran al rasgo de personalidad, más que como una causa, como una consecuencia de la interacción entre  los pensamientos, los sentimientos y los comportamientos de un individuo. Pero, aunque el rasgo como constructo teórico sea entendido como causa o como consecuencia, lo que es destacable en estas interpretaciones, es que se considere que un rasgo de la personalidad, es inherente a lo que piensa una persona, lo que siente y cómo se comporta.

Varios rasgos han sido reconocidos como parte de la personalidad de un emprendedor. En el contexto de este documento, se revisarán los siguientes rasgos: la voluntad del emprendedor para asumir riesgos, la confianza en sí mismo, su apertura al cambio y el optimismo.

Con respecto a la voluntad para asumir riesgos, Silva (2008) considera que  el emprendedor asume riesgos calculados, siempre pensando en lograr el éxito. Por el contrario, Santoro (2012) considera al emprendedor, como una persona que asume riesgos, incluso afectando su seguridad financiera o su carrera. Por tanto, mientras Santoro plantea que el emprendedor toma riesgos en un ambiente de alta incertidumbre, Silva propone que los riesgos son asumidos por el emprendedor, cuando éste, tiene un nivel de control sobre estos riesgos.

Por tanto, el concepto de riesgo debe especificarse un poco más. Wu y Knott (2006) plantearon que debía asociarse a dos fuentes de incertidumbre diferentes: Un tipo de incertidumbre asociado a la demanda en el mercado y el otro,  respecto a la propia habilidad del emprendedor, para llevar a cabo su idea. Los investigadores observaron el comportamiento de emprendedores trabajando ya en el mercado. Los resultados se obtuvieron de una muestra de 1635 emprendedores en la industria de la banca, en Estados Unidos. Su estudio confirmó,  que los emprendedores tenían voluntad para asumir riesgos económicos, cuando el grado de rendimiento esperado, sobrepasaba el grado de incertidumbre en la demanda. Pero, estos resultados según los autores, no pueden extenderse a otras industrias, ya que la banca es altamente regulada, los emprendedores deben ser calificados y se requieren lazos muy fuertes con la comunidad local.

Sin embargo, investigaciones más recientes, realizadas en este aspecto, no han descubierto diferencias significativas  entre los emprendedores y los que no lo son, con respecto a su voluntad para asumir riesgos, como lo demostraron Mieg at al (2012). Estos  investigadores, trabajaron sobre una muestra de inventores alemanes, para identificar la influencia que tenía la personalidad sobre la producción de éstos. El estudio esperaba hallar en los emprendedores, una mayor voluntad a tomar riesgos de tipo financiero y ético, pero no se descubrieron datos relevantes, que pudieran confirmar esta hipótesis.

Por otra parte, Wu y Knott (2006) determinaron que la voluntad a tomar riesgos por parte de los emprendedores, aumentaba cuando la auto-confianza del emprendedor, era muy alta, por tanto, la correlación entre estos dos rasgos, era positiva. 

Cabe preguntarse cuales son las características de esta auto-confianza asociada como rasgo de personalidad, en el emprendedor. La respuesta fue dada por Hayward et al (2006), quienes propusieron que la auto-confianza del emprendedor se soporta en tres aspectos: El primero, la confianza en sus destrezas personales; el segundo, la confianza en su conocimiento y experiencia, en el área de la industria en la que se desenvuelve y el tercero, la confianza en su habilidad para predecir. No obstante, aunque Mieg at al (2012) confirmaron que los emprendedores tenían un auto-concepto positivo y alto de sí mismos en los dos primeros aspectos, el de la confianza en sus destrezas personales  y el de la confianza en su conocimiento, su investigación no encontró diferencias en el grado de confianza en sí mismos, entre los emprendedores y los que no lo eran.

Contrario a lo que suponían Mieg at al (2012), los emprendedores que eran más exitosos en el mercado, eran menos abiertos a las experiencias nuevas, detectando una correlación negativa entre el éxito del emprendedor y su apertura al cambio.

Con respecto al rasgo de optimismo, López y García (2011), realizaron una investigación sobre una muestra de 205 estudiantes de la Universidad de Almería, que fueron clasificados como emprendedores potenciales con base tecnológica, emprendedores potenciales generales y no emprendedores. Los resultados mostraron que efectivamente, los emprendedores potenciales eran más optimistas, que los que no lo eran. Estos mismos resultados aparecieron, cuando se comparó el nivel de optimismo  en emprendedores con éxito comprobado, versus los que no eran emprendedores (Mieg et al, 2012).

 

Sin embargo, en el estudio de López y García (2011), los emprendedores potenciales con base tecnológica tenían mayor grado de optimismo, que los demás. Lo que se esperaba, era que los emprendedores potenciales, independientemente de su especialización, fueran optimistas de manera similar, con respecto al éxito de su iniciativa. Los investigadores atribuyeron  el hecho de que los emprendedores potenciales con base tecnológica fueran más optimistas que los emprendedores potenciales en general,  a la dificultad de la tarea, es decir, que el optimismo aumentaba, en la medida en que aumentaba la dificultad de la iniciativa a poner en marcha.  Por tanto, puede deducirse que el optimismo se ve afectado por otros factores, como en este caso, el de la dificultad de la tarea.

Otros factores como la educación, la experiencia y la motivación y su  asociación con el grado de optimismo y el éxito de los emprendedores, fue estudiada por Chen y Zhiguo (2013).  Dicha investigación se realizó en la ciudad de Laos, con el objetivo de medir el nivel de optimismo de los emprendedores, en condiciones adversas, como la falta de recursos financieros y soporte gubernamental. Se encontró, que a mayor nivel de educación o experiencia, menor optimismo y que el optimismo del emprendedor, tenía una relación positiva y directa con su éxito. 

Aunque este estudio demostró que a mayor optimismo, mayor éxito de los emprendedores, hay quienes critican el rasgo del optimismo, porque lo consideran la causa de que muchas iniciativas, fallen: Un optimismo excesivo, lleva a que el emprendedor subestime hechos negativos que pueden afectar el desarrollo de su idea y mantenga expectativas que no son realistas (Gibson y Sanbonmatsu, 2004; Hayward et al, 2006).



PROPUESTA

Se propone que un campo de la investigación acerca del emprendimiento, se oriente a definir de una manera más clara, cuáles son los pensamientos (componente cognitivo), los sentimientos (componente emocional) y las conductas (componente conductual) que conforman un rasgo de personalidad particular, en un emprendedor y además, que se busque detectar si hay diferencias reales, en la manera como se manifiestan estos rasgos,  entre el emprendedor potencial versus el emprendedor que ya ha tenido éxito en el mercado.

Por otra parte, a partir de las investigaciones revisadas en este documento, se encontró que la presentación de los rasgos de personalidad estudiados, se ve afectada por otras características del individuo, como su educación y  experiencia y por factores externos del medio, como el grado de regulación gubernamental o el acceso a recursos financieros, entre otros.  En consecuencia, se propone que se amplíen las investigaciones, para identificar cuáles son los cambios en la presentación de un mismo rasgo de personalidad, cuando se correlaciona con otras características del individuo u otros factores externos de su entorno.

CONCLUSIONES

El rasgo de personalidad como constructo teórico  tiene tres componentes: Uno cognitivo en términos de pensamientos, uno emocional, en términos de sentimientos y un componente conductual, en términos de comportamientos asociados a esos pensamientos y sentimientos.

Las investigaciones presentadas en este documento sobre los rasgos de personalidad del emprendedor (la voluntad para asumir riesgos, la confianza en sí mismo, la apertura al cambio y el optimismo), han estado orientadas a corroborar si hay correlación entre estos rasgos y el emprendimiento. 

Mientras Wu y Knot (2006) encontraron aversión en el emprendedor a tomar riesgos con respecto a la demanda de su idea en el mercado y voluntad para tomar riesgos, si el factor que se analizaba era su auto-confianza para lograr el éxito, Mieg et al (2012)  no observaron diferencias entre emprendedores y los que no lo eran, en este aspecto.

Se evidenció que emprendedores con mayor éxito, eran menos abiertos  al cambio o a experiencias nuevas (Mieg et al, 2012).

Por otra parte, López y García (2011) confirmaron que emprendedores potenciales, que todavía no habían desarrollado su idea,  eran más optimistas que individuos que no eran emprendedores y esta misma diferenciación, fue confirmada en emprendedores exitosos, con ideas ya desarrolladas en el mercado, versus los que no lo eran (Mieg at al, 2012). A pesar de que Chen y Zhiguo (2013) corroboraron que a mayor optimismo, mayor éxito del emprendedor, también demostraron que el optimismo era menor, en la medida en que el emprendedor tuviera mayor conocimiento o experiencia.

Por tanto, las investigaciones en el campo de los rasgos de personalidad estudiados, no son suficientes para explicar el fenómeno del emprendimiento. No se ha podido demostrar  que la existencia de estos rasgos de personalidad, sean causa exclusiva de que el emprendedor surja o sea exitoso. Y, aunque estas investigaciones no pueden considerarse concluyentes todavía, si hay un elemento constante en ellas y es que un mismo rasgo de personalidad, se presenta de manera diferente, cuando se correlaciona con otras características, como el nivel de educación del emprendedor y su experiencia o con factores externos, como las condiciones de su entorno. Incluso, un mismo rasgo de personalidad como el caso del optimismo, se presenta de manera diferente, si los sujetos analizados son emprendedores potenciales, o emprendedores con ideas ya desarrolladas en el mercado.

Estos hallazgos, sugieren la necesidad de ampliar las investigaciones acerca de los rasgos de personalidad que caracterizan a un emprendedor.

 

Por Dora Ariza, Junio de 2014.

 

Bibliografía

Alcaraz, R. (2011). El Emprendedor de Éxito. México: McGraw-Hill/Interamericana Editores S.A.

Chen, S. & Zhiguo, L. (2013). Laotian Entrepreneur´s Optimism and New Adventure Performance.  Social Behaviour and Personality, (41), 1267-1278. doi: http://dx.doi.org/10.2224/sbp.2013.41.8.1267.

Cramer, A., Van Der Sluis, S., Noordhof, A., Wichers, M. Geschwind, N., Aggen, S., Kendler, K., y Borsboom, D. (2012). Measurable Like Temperature or Mereological Like Flocking? On the Nature of Personality Traits. European Journal of Personality, (26), 451-459. doi:10.1002/per.1879.

Gibson, B., & Sanbonmatsu, D. (2004). Optimism, pessimism, and gambling: The downside of optimism. Personality and Social Psychological Bulletin, (30), 149-160. doi: 10.1177/0146167203259929

Hayward, M., Shepherd, D., Griffin, D. (2006). A Hubris Theory of Entrepreneurship. Management Science: (52) 2, 60-172.

Wu, B. & Knott, A. (2006). Entrepreneurial Risk and Market Entry. Management Science. (52) 9, 1315-1330.

López, J. y  García, J. (2011). Optimismo, pesimismo y realismo disposicional en emprendedores potenciales de base tecnológica. Psicothema,( 23), Recuperado de: http://bdonline.ean.edu.co:2090/ehost/detail?vid=3&sid=329e4a24-24b6-4ebc92254446080cb0fd%40sessionmgr4003&hid=4204&bdata=Jmxhbmc9ZXMmc2l0ZT1laG9zdC1saXZlJnNjb3BlPXNpdGU%3d#db=afh&AN=66963037.
McCrae, R. & Costa, P. (1995). Trait explanations in Personality Psychology. European Journal of Personality, (9), 231–252.
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Santoro, G. (2012). Entrepreneurship.  New Delhi: University Publications.

Silva, J. (2008). Emprendedor. Bogotá: Alfaomega Colombiana S.A.