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Qué es el Capital Intelectual?

En la medición del desempeño organizacional, se ha tenido un gran interrogante alrededor de cómo medir aquellos elementos, que representan valor, pero que no son fácilmente identificables. Es el caso, del valor en las utilidades obtenidas en la organización, como resultado de un programa de entrenamiento. Este valor, que generalmente está asociado con el aprendizaje y la experiencia de las personas y que se desarrolla con el día a día dentro de una compañía, se ha denominado Activo o Bien Intangible.

Lo que se espera, es lograr que ese valor transforme positivamente la cultura, los procesos, la calidad de los productos o las relaciones con el cliente (Nevado y Ruiz, 2002). Es este valor aplicado, lo que constituye un “bien o activo  intangible” para la organización.

Un ejemplo de un activo o bien intangible es el del “Good Will”, anglicismo que hace referencia al prestigio que adquiere una organización, un producto o una persona en el mercado en el cual se mueve. Generalmente el valor del “Good Will” de una empresa en el mercado, es muchísimo más alto, de lo que reflejan sus libros contables.

De acuerdo con las Normas Internacionales de Contabilidad (NIC), un activo intangible es un:

“activo no monetario, sin sustancia física, que es identificable y está controlado por la empresa, como resultado de acontecimientos pasados, debiendo contribuir a la obtención de beneficios económicos futuros” (Nevado y Ruiz, 2002, pag.25).

Las inversiones en  investigación y desarrollo, por ejemplo,  son consideradas como gastos inicialmente, aunque pueden convertirse en productos que se patentan, pueden ser comercializados y por tanto, adquieren un valor en el mercado. En este caso, las patentes se clasifican como activos intangibles.

Al conjunto de estos activos intangibles dentro de una organización, se le ha llamado “Capital Intelectual”.

De acuerdo con Nevado y Ruiz (2002), aunque el capital intelectual no esté reflejado en los estados contables tradicionales, sus activos generan o generarán valor para la organización en el futuro.

Se han definido una serie de modelos para identificar y medir  los activos intangibles dentro de una organización.

Uno de estos primeros esfuerzos, fue liderado por Leif Edvinsson en 1994 con su equipo de trabajo en Skandia. Construyeron un modelo conocido como el “Navegador de Skandia”.

En este modelo,
 
Capital Intelectual =

Capital Humano + Capital Estructural.

Capital Humano,  hace referencia a la “Combinación de conocimientos, destrezas, inventiva y capacidad de los empleados para llevar a cabo una tarea. Incluye los valores de la compañía, su cultura y filosofía. La compañía no es propietaria del capital humano” (Edvinsson, L. y Malone, M., 1998).

Capital Estructural en el modelo de Skandia, incluye “los equipos, programas, bases de datos, estructura organizacional, patentes, marcas de fábrica y demás elementos que soporten la productividad de los empleados. A diferencia del capital humano, el estructural si puede ser de propiedad de la compañía y por tanto, se puede negociar” (Edvinsson, L. y Malone, M., 1998). 

Por su parte, el capital estructural del modelo de Skandia se clasificó en Capital Cliente y Capital Organizacional. El Capital Cliente hace referencia a las relaciones desarrolladas con los clientes. El Capital Organizacional, a su vez se dividió en Capital de Innovación (resultados en forma de nuevos productos y servicios) y Capital de Procesos (procesos, técnicas o  programas para empleados), que aumentan la eficiencia en la producción o prestación de servicios

Navegador de Skandia

 

El modelo tomó el capital intelectual más el capital financiero como Valor del Mercado, así:

Valor del Mercado =

Capital Financiero + Capital Intelectual.

Con esta fórmula, para llegar a un valor numérico del Capital Intelectual, se resta del valor de la organización en la Bolsa de Valores (Valor del Mercado), el capital financiero. Sin embargo, esta es solamente una de las aproximaciones que se han desarrollado para lograr medir el Capital Intelectual.  

La medición del Capital Humano por ejemplo,  supone que hay que establecer un método que determine qué inversión se hace en recursos humanos e identificar si esa inversión se revaloriza, como consecuencia de las competencias que va adquiriendo el personal (Nevado y Ruiz, 2002). Se quiere contestar preguntas como:

  1. Cuánto vale la contratación de un empleado?
  2. Cómo se ven afectados los resultados financieros de las empresas, por las ausencias del personal?
  3. Las inversiones que se están realizando en el recurso humano de la organización, son suficientes?

Preguntas similares, surgen cuando se analiza el Capital Estructural.

Debido a que el concepto del Capital Intelectual, involucra factores subjetivos, su medición se hace más compleja. Hasta el momento, los modelos matemáticos para evaluar el capital intelectual, no son de fácil aplicación práctica, por su grado de sofisticación. Esto ha hecho que el concepto de capital intelectual, no haya podido difundirse en el ambiente empresarial, como se quisiera.

Por tanto, el reto académico, será el de llegar a la definición de un modelo que sea de fácil entendimiento y aplicación y que facilite la toma de decisiones en las organizaciones.

 

Por Dora Ariza, Marzo 22 de 2012

Bibliografía

Nevado, D. y López, V. “El capital Intelectual: Valoración y Medición”. Prentice Hall, Madrid, 2002.

Edvinsson, L. y Malone, M. “El Capital Intelectual”, Editorial Norma, Bogotá, 1998.