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Sinú o Zenú
Adornos Sinú

Se pretende con esta información difundir conocimiento sobre la cultura precolombina de Sinú o Zenú que existieron desde el 200 a.c. al 1500 d.c.

Imágenes de piezas de oro elaboradas por la cultura Zenú o Sinú, exhibidas en el Museo del Oro Zenú del Banco de la República, localizado en el Centro histórico de Cartagena.

La imágenes superiores corresponden a un remate de bastón con forma de caimán y a adornos utilizados como parte de su vestimenta.

Ubicacición Geográfica:

El territorio del gran Sinú comprendía desde el valle del río Sinú hasta el bajo río Cauca.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Nariguera  

Datos de Interés:

La cultura Sinú o Zenú estuvo conformada por agricultores, pescadores, comerciantes, orfebres y tejedores. Los españoles exterminaron casi por completo a los indígenas Sinú a causa de su oro. Se destacaron por el desarrollo de la técnica de la filigrana en la construcción de sus adornos de oro. Construyeron un sistema hidráulico, que hoy en día sorprende a la ingeniería moderna, ya que les permitió tener sus cultivos y construir sus viviendas, a pesar de las inundaciones anuales de los ríos Sinú y San Jorge.

 

Datos Históricos:

Hace 6000 años, un grupo de gente se estableció junto a la quebrada de San Jacinto, en el norte del país, conformando la cultura Sinú.

A la llegada de los españoles, la cacica Zenufana se llamaba Tota y el Zenufana era Nutibara, quien opuso bastante resistencia y les tendió celadas.

El primer conquistador que incursionó en el Senú fue Juan de la Cosa en 1510. Murió en un fuerte enfrentamiento con los indígenas Turbacos, quienes finalmente fueron vencidos por Pedro de Heredia, en 1533. Realizó reconocimientos y transacciones con los indígenas intercambiando oro, hasta que en 1535, decidió realizar saqueos a las sepulturas indígenas, empleando los esclavos negros traídos de Africa. Por tanto la táctica de los indígenas en el área del Sinú, fue la de abandonar sus estancias llevándose sus pertenencias y lo que quedaba era incendiado por los españoles. De modo que los españoles exterminaron casi por completo a los indígenas Sinú a causa de su oro. Los pocos sobrevivientes murieron gradualmente a causa de los trabajos forzados a los que fueron sometidos y terminaron agrupándose en resguardos. El pueblo Sinú conformó el resguardo de San Andres de Sotavento, que hoy alberga Indígenas Sinúes.


Pato Pisingo  
Mujer en arcilla

Características Etnicas:

Se deduce que la mujer se tenía en gran estima, no solo por la importancia de la cacica Zenufana, sino por las numerosas representaciones femeninas que realizaron en cerámica. De estas representaciones se deduce su atuendo: faldas hasta los tobillos con el pecho descubiero y joyas de oro. Pectorales mamiformes eran usados por mujeres de cierta importancia y caciques. La redondez de los altos relieves aludía al igual que los túmulos, al lugar de la gestación, y renacimiento (Museo de Oro Zenú del Banco de la República en Cartagena).

 

Bibliografía:

Rojas de Perdomo, Lucía. “Manual de Arqueología Colombiana”, Carlos Valencia editores, Bogotá, 1980.

 

Las imágenes corresponden en su orden a: 1) Nariguera. 2) Remate de un Bastón con forma de pato Pisingo, propio de la región. 3) Mujer en arcilla, de un tamaño aproximado de 20 centímetros que eran utilizadas para acompañar al muerto en su tumba.

Piezas como éstas, se encuentran en el Museo del oro del Banco de la República en Bogotá y Cartagena-Colombia.

 

Características Sociales y Económicas de los SINU

Estaban organizados en pueblos dirigidos por señores locales que pagaban tributo a caciques regionales como Finzenú, que habitaba las riberas del río Sinú, Panzenú, líder de las llanuras del río San Jorge y Zenufana, en el río Cauca, donde estaban los yacimientos de oro.

Los Sinúes eran acusados de hechiceros y de hablar con el demonio. Se presume que existió un chamán encargado de los rogativos y ofrendas a sus dioses y de presidir los complejos sistemas de enterramientos. Los dioses eran tallados en madera y, como los taironas, solo los forraban con láminas de oro (Rojas, 1980).

Entre las armas se encuentran los arcos y fechas envenenadas y picas. Los Sinúes acompañaban sus encuentros de guerra con música y cantos e iban muy adornados.

Su economía estaba basada en el cultivo de yuca y maíz.

La sal fue explotada así como el oro, que era obtenido de veta y de aluvión y los granos tomados por medio de redes.

Canales

 
 
 
 
       
 

 

Los ríos Magdalena, Cauca y San Jorge inundan anualmente las llanuras durante 8 meses, dejando un depósito de sedimentos que dificulta la salida al mar. Los Sinúes transformaron estas tierras, mediante un sistema de control de aguas entre el 200 A.C. y el 1000 D.C. El sistema hidráulico estaba formado por una red gigante de canales y campos elevados de diferentes dimensiones que cubrió hasta 500,000 hectáreas en San Jorge y 150000 alrededor del río Sinú.

Perpendiculares a los cursos de agua, los Sinúes cavaron canales hasta de 4 kilómetros de largo con 10 metros de separación entre sí, para controlar grandes volúmenes de agua. La corriente de agua se frenaba y distribuía entre canales cortos en áreas dedicadas al cultivo.

   
  Rodillos    
 

 

Con pigmentos minerales y vegetales se pintaban las partes descubiertas del cuerpo utilizando rodillos y sellos de cerámica, en los cuales se tallaron motivos de tejidos de fauna y flora, como se muestra en la fotografía superior.

Orfebrería

Los orfebres elaboraron las piezas de oro por martilleo sobre yunques de piedra. Calentaban las láminas al rojo vivo y luego las enfriaban para seguir martillando.
Los diseños repujados se lograban con cinceles y punzones. (Museo de Oro Zenú del Banco de la República en Cartagena). Se representaron aves acuáticas, caimanes, anfibios, peces, felinos, y venados principalmente en remates de bastón y colgantes, emblemas relacionados con la autoridad y asuntos religiosos.

Aspectos funerarios

En las ceremonias funerarias, con danza y música se festejaba el renacimiento del difunto en el mundo subterráneo, mientras se construía un túmulo sobre la tumba. El difunto era enterrado con sus pertenencias. Los ajuares dependían de la posición social e incluían copas, vasijas, instrumentos musicales y adornos personales. Sobre el entierro, se plantaba un árbol. Este árbol al igual que las mujeres de arcilla que acompañaban al muerto, simbolizaban la fertilidad y la nueva vida. De sus ramas colgaban campanas y caracoles que sonaban con el viento (Museo de Oro Zenú del Banco de la República en Cartagena)

El entierro dentro de las urnas se practicó como un segundo enterramiento, realizado algún tiempo después de la muerte. En ellas se incorporaba el personaje al mundo subterráneo, para reunirse con sus parientes difuntos.